LEGAL PROJECT MANAGEMENT

Aplicaciones del celular que gestionan un divorcio, o que calculan las penas de un procedimiento penal, programas informáticos que recurren multas de tránsito (DoNotPay), el mayor banco ruso reemplaza a 3.000 empleados con un robot abogado, inteligencia artificial, explotación de datos (big data) de procedimientos extrajudiciales o judiciales, etc. son algunos de los ejemplos de recientes noticias a nivel global sobre cómo está evolucionando la profesión de abogado.

No cabe duda de que en la actualidad, de la mano de las nuevas tecnologías, de nuevas formas de gestión y de las nuevas demandas de los clientes, la abogacía está experimentando una serie de cambios que producirán la mayor redefinición de la profesión de las últimas décadas.

Si bien las bases de estos cambios se concretan en la introducción de las nuevas tecnologías en el ejercicio de la abogacía lo cierto es que lo que se conoce como Legal Project Management (LPM) supone una modernización de las técnicas de gestión tanto del propio Estudio Jurídico como de los casos que gestionan los despachos y su relación con los clientes.

En este sentido, recientes estudios indican que una parte importante de la población no acude a los servicios jurídicos por no poder permitírselo económicamente (80% en el caso de Estados Unidos) por lo que con los actuales métodos de gestión una parte importante de la población quedan fuera del sistema de defensa de sus derechos.

El Legal Project Management o metodología de gestión de proyectos legales es, según el profesor de la Universidad de Michigan Kenneth Grady, “una buena herramienta de planificación, buena para los despachos y para los clientes, porque permite esa predicibilidad, mejora notablemente la comunicación con el cliente y permite a los despachos mejorar continuamente sus procesos de trabajo”.

Mejora de la comunicación con los clientes, facturación adecuada a cada caso, gestión de equipos de trabajo (jurídicos y extrajurídicos), gestión del tiempo, atención a la mejora de la productividad, definición de estrategias en la llevanza de los casos, etc. son parte básica de la metodología de gestión de proyectos legales.

La implementación de estos métodos de trabajo provenientes parte de la gestión de empresas y parte de la ingeniería de proyectos, conlleva una mejora en la gestión de los estudios jurídicos tanto en la gestión del propio despacho como en la gestión de los casos. Y no solamente eso, también permitirá el acceso a la Justicia a colectivos excluidos actualmente por sus costes o por otras dificultades de acceso.

Como dice RICHARD SUSSKIND en su libro Abogados del mañana “los clientes no tienen ningún interés en pagar por la re-invención de la rueda”. Es decir, los clientes buscan soluciones a sus problemas y no eruditos de la teoría del derecho que buscan soluciones adaptadas 100% para cada cliente a modo de trajes a medida.

Todo lo anterior producirá una reacomodación de los profesionales que ejercen la profesión de abogado consiguiendo que el abogado se dedique a las actividades de análisis y de creatividad que son las que generan mayor valor agregado dejando el resto de tareas (un estudio de McKinsey del año 2015 fijaba en un 23% las tareas de un abogado que son susceptibles de automatización) en manos de paralegales, la informática (llegando hasta la incorporación de la Inteligencia Artificial) o la colaboración de expertos en otras materias (economistas, ingenieros, etc.).

En definitiva, los nuevos tiempos para la profesión requieren abogados inteligentes, creativos e innovadores que proporcionen nuevas soluciones y estrategias para los clientes, expertos en conocimiento y con cada vez más amplias habilidades.

Rodrigo Caro Romero

Estudio CARO FIGUEROA & Asociados

rodrigo.caroromero@gmail.com

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